
www.cumbia.pe Tengo la sensación que todo empezó cuando la hizo reír y llamó su atención. Creo que a ella le encantó que le arranque una carcajada. Leonard la vacila, la pone al “centro” y después, con cara de niño, aclara que la ama. Karla lo observa, por ratos es la “mamá” que con la mirada le indica que no debe portarse mal. Se acerca a su príncipe y le da un beso en los labios. Respiro amor en medio de estos chicos. Es una historia que me emociona narrar.
Leonard: quiero abrir mis ojos y verla a mi costado
Leonard, los juzgados están llenos de demandas de divorcios y tú te vas a casar.
Me he dado cuenta que deseo llegar a viejito con Karla. Si me llevan al hospital, quiero abrir los ojos y verla a mi costado.
Pero deben tener sus “encontrones”.
Uyy, como toda pareja.
¿Cuántas veces has dormido en la sala?
Cama es cama, hermano. Cuando me ha botado, me he ido a un hotel. En el mueble no se descansa bien.
O sea, te han echado varias veces.
Antes. Ahora hemos madurado. Si peleamos, dormimos espalda con espalda.
¿Y en la madrugada no hay reconciliación?
Siempre, pues. Tú sabes que allí se arregla todo bonito. El contacto despierta la pasión.
¿Es una buena ama de casa?
Aprendió a cocinar con los consejos de mi mamá y su libro de recetas. Cuando mete los ingredientes, chequea la página para ver si está siguiendo correctamente los pasos y, cuando se pierde, llama a mi viejita, ja, ja, ja.
Es inteligente y no tiene nada de “Taradona”.
Es una mujer muy preparada. Lo que sucede es que debe hacer ese papel en el programa cómico, aunque claro, es tan aplicada que le sale muy natural (risas).
¿Es tontita?
Al contrario, ya es muy viva.
¿Tanto así?
Sí, es la que chapa los contratos que hago con mi grupo “Real Show Internacional” y negocia los honorarios. Eso sí, siempre saca cuentas con su calculadora en la mano.
¿Ayudas a lavar la ropa?
No, para eso compré una lavadora. Además, quien me tiene limpiecito con mi ropa interior es mi suegrita.
¿Te engríe?
Ella agarra mi calzoncillo y medias…
¿Y quién le canta al bebé?
Yo y, aunque no lo creas, a veces Karla.
¿Canta bien?
El bebé no sabe hablar y no se puede quejar. Solo la mira. Y algunas veces llora, pero ella dice que es porque está con hambre, ja, ja, ja.
Y así con sus defectos y locuras, ¿la quieres?
La amo y mira que soy norteño y mis paisanas son gruesas, de harta carne, pero el amor es así. Me conseguí una flaquita.
¿Es la chica ideal para un artista?
Sí, porque me tiene mucha paciencia. Menos mal, también es del ambiente en que me muevo. Otra mujer no soportaría. Quien desee estar con un cantante, debe aceptar que de los 7 días de la semana, solo lo verá 2 ó 3 y con suerte.
¿Todo listo para el gran paso?
Sí, y no me puedo escapar. Me va bien en el trabajo, hay chamba. Tengo mi niño sanito y deseo formalizarme ante Dios para que bendiga la familia.
Tu buena onda te hace un tipo de mucho carisma y ojalá te vuelva a entrevistar en tus bodas de plata y en tus cuarteles de invierno.
Que el Señor los escuche y los llene de bendiciones a los lectores. Elegimos a Trome para que el pueblo conozca nuestra felicidad. Vivo mi mejor momento. Imagínate que el 4 de marzo en la discoteca “Esencia” de La Molina, y al día siguiente en “El huaralino”, cantaremos con el maestro Gilberto Santa Rosa. Mano a mano con el “Grupo 5”. Otro lujo que me da el Señor. Por todo esto, soy un hombre agradecido.
Karla: ya me vacilé, ahora solo pienso en la familia
Cuando apareció con su vestido blanco, de todos lados se escuchó “mamacita” y un admirador rogó en plena vía pública: “No te cases”. Ella, que su sello es una risa contagiante, les regaló una mirada.
Karla, te llegó tu hora.
Ya me he vacilado de lo lindo. Ahora solo pienso en pasarla bien con mi marido y mi hijo. Ya no estoy para pensar en otras cosas.
¿Te unes por la iglesia para quedar bien con Dios o es un gustito que te quieres dar?
No niego que, como toda mujer, sueño con entrar de blanco al altar. Pero también deseo que el de arriba nos dé su bendición. Aunque primero debo bautizarme este 15 de marzo.
¿No eres bautizada?
Es que de niña fui “Testigo de Jehová”. Caminaba con mis faldas hasta los tobillos. Salía con un hermano a tocar las puertas y predicar la palabra de Dios, pero como era tan introvertida, no hablaba.
Jamás te escuché hablar de esa etapa de tu vida.
Mis padres pertenecían a esa religión, pero cuando cumplí los 18 años me liberé y fui totalmente otra persona. De esos tiempos, recuerdo el versículo Salmos 83:18, donde se da a conocer el nombre de Dios.
En cinco años de relación, ya sabes lo bueno y malo de tu marido.
Es desordenado. Se levanta y deja toda la ropa tirada por todo el cuarto. Cuando duerme, nada lo despierta. Cuando me levanto temprano para darle su desayuno a mi hijito, le digo “míralo”, mientras preparo su comida. Me voy, regreso y sigue roncando.
Si te engaña, ¿lo perdonarías?
Para nada, eso no tiene disculpas. Soy tan buena esposa, que le alisto las maletas con su ropa y se va.
¿Y buscas a la “tramposa” para pegarle?
Jamás. Nada de decirle p… ni algo parecido. Si ella no tiene la culpa. Además, a la “hermanita” se le respeta, ja, ja, ja.
Tienen pinta de ir al “arreglo” rápido en las broncas.
Antes demorábamos. Incluso una vez me fui donde mi mamá, pero ahora estamos peleados unas horas y terminamos hablando.
Leo me ha revelado que tú haces los contratos de su grupo. ¿Manejas la economía de la familia?
Soy la administradora. Llega y me da su sobre para pagar la casa, el carro, la ropa para el bebé, la luz, teléfono e Internet.
¿Y tú no colaboras?
Lo que gano todo es para mí y gustitos que quiero darle a mi hijo. Como verás, soy la jefa.
¿Y cómo lo controlas de las “canitas al aire”?
Ya no cabe estar celando a las personas. Si saca los pies del plato, se va.
¿Cuál es la fórmula para seguir unidos?
Hemos vivido mundos diferentes, cada quien por su lado, pero ahora hemos construido uno que es nuestro. Hay temblores, subidas y bajas, pero es lo que vamos levantando todos los días.
¡Qué tal filósofa habías resultado!
Para que veas que no soy tan “calabacita”.
Adelante, abril se cerca y serás pronto la señora de Leonard León.
Te diré algo: sé que vamos a tener más discusiones, volveremos a pasar momentos duros, pero como contaremos con la bendición de Dios, eso nos hará fuertes. Quiero envejecer a su lado.